Sri Aurobindo ha venido a decirnos: «No es necesario dejar la tierra para encontrar la Verdad, no es necesario abandonar la vida para encontrar el alma, no hay que abandonar el mundo o poseer sólo unas creencias limitadas para tener una relación con el Divino. El Divino está en todas partes, en todas las cosas y, si está oculto, es porque no nos tomamos la molestia de descubrirlo».
Citas del volumen 26 «Sobre sí mismo» de la Edición del Centenario de las Obras Completas SABCL
Veo que insistes en escribir una biografía; ¿es realmente necesaria? ¿acaso es útil? El intento está condenado al fracaso, pues ni tú ni nadie saben nada de mi vida; nunca ha estado expuesta al público.
p. 378
No tenía inclinación natural hacia la espiritualidad; la cultivé. Era incapaz de comprender la metafísica; me convertí en filósofo. No tenía talento para la pintura; lo desarrollé mediante el yoga. Transformé mi naturaleza, de lo que era a lo que no era. Lo hice de una manera especial, no mediante un milagro, y lo hice para demostrar lo que se podía hacer y cómo se podía hacer. No lo hice por ninguna necesidad personal ni por un milagro sin proceso alguno.
Afirmo que, de no ser así, mi yoga ha sido inútil y mi vida un error: una mera y absurda rareza de la naturaleza, sin sentido ni consecuencia. Parece que todos consideráis un gran halago para mí decir que lo que he realizado no tiene sentido para nadie excepto para mí mismo; es la crítica más demoledora que puede hacerse a mi obra. Tampoco lo hice por mí mismo, si “por mí mismo” os referís al Aurobindo que fui. Él lo hizo con la ayuda de Krishna y la Shakti Divina. También recibí ayuda de fuentes humanas.
págs. 148-149 (13-02-1935)
P: ¿Cómo llegó a ser tan poderoso su intelecto incluso antes de comenzar con el Yoga?
R: No era así antes de empezar con el Yoga. Comencé con el Yoga en 1904 y todo mi trabajo, con la excepción de algunos poemas, fue realizado más tarde. Además, mi inteligencia era innata y, en la medida en que se desarrolló antes del Yoga, no fue fruto de una formación, sino por una amplia y azarosa actividad, desarrollando ideas a partir de todo lo que leía, veía o experimentaba. Eso no es entrenamiento, es crecimiento natural.
pág. 222 (13-11-1936)
Pero, una vez más, ¡qué ideas tan extrañas! ¡Que nací con un temperamento supramental y que desconozco las duras realidades de la vida! ¡Dios mío! Toda mi vida ha sido una lucha contra esas duras realidades, desde las penurias, el hambre en Inglaterra y las constantes y feroces dificultades de entonces hasta las pruebas más arduas que surgen continuamente aquí en Pondicherry, tanto externas como internas. Mi vida ha sido una batalla desde sus primeros años y lo sigue siendo: el hecho de que ahora la libre desde una habitación en el piso de arriba y por medios espirituales, además de por otros medios externos, no altera en nada su naturaleza. Pero, claro, como no hemos estado pregonando estas cosas a los cuatro vientos, supongo que es natural que otros piensen que vivo en un augusto y deslumbrante mundo de ensueño, donde las duras realidades de la vida o de la Naturaleza no existen. ¡Qué lejos de la realidad, al fin y al cabo!
p.153-4
¿Crees entonces que en mí (no incluyo a la Madre) nunca hubo alguna duda ni desesperación, ni ataques de ese tipo? He soportado todos los ataques que los seres humanos han soportado; de lo contrario, no podría asegurar a nadie: «Esto también puede ser conquistado». Al menos, no tendría derecho a decirlo. Tu psicología es terriblemente rígida. Repito: cuando el Divino asume la carga de la naturaleza terrenal, la asume plena, sinceramente, sin trucos de magia ni pretensiones. Si hay algo detrás de él que siempre emerge de las apariencias es, en esencia, siempre lo mismo – aunque en mayor grado – que aquello que existe detrás de los demás; y es para despertar eso que está aquí.
El ser psíquico hace lo mismo para todos aquellos destinados al camino espiritual; no es necesario ser un ser extraordinario para seguirlo. Ese es el error que estás cometiendo: insistir en la grandeza como si solo los grandes pudieran ser espirituales.
pág. 154 (8-3-1935)
P: Nos preguntábamos por qué escribir y reescribir tu poesía — por ejemplo, «Savitri» diez o doce veces — cuando tenías toda la inspiración a tu disposición y no tenías que recibirla con la dificultad que enfrentan los yoguis principiantes como nosotros.
R: Es muy sencillo. Utilicé «Savitri» como un medio de ascensión. Comencé a escribirlo desde un cierto nivel mental; cada vez que alcanzaba un nivel superior, lo reescribía desde ese nivel. Además, era muy meticuloso: si alguna parte me parecía provenir de niveles inferiores, no me conformaba con dejarla tal como estaba solo porque fuese buena poesía. Todo debía ser, en la medida de lo posible, de la misma esencia. De hecho, no he considerado «Savitri» como un poema para escribir y terminar, sino como un campo de experimentación para ver hasta dónde podía llegar la poesía desde la propia consciencia yóguica y cómo podía transformarse en creatividad. No reescribí «Rosa de Dios» ni los sonetos, salvo dos o tres modificaciones verbales realizadas en ese mismo instante.
p. 239
P: La Sobremente parece tan distante de nosotros, y tu austeridad y tu grandeza himalaya me dejan sin aliento, ¡haciéndome palpitar el corazón!
R: ¡Qué tonterías! ¡Soy austero y grandioso, sombrío y severo! ¡Todo lo que jamás fui! Gimo con una desesperación nada aurobindiana cuando oigo semejantes afirmaciones. ¿Qué ha sucedido con el sentido común de todos vosotros? Para alcanzar la Sobremente no es en absoluto necesario renunciar a esta cualidad tan sencilla como útil: Por cierto, el sentido común no es la lógica (que es lo menos parecido al sentido común que existe en el mundo), sino es simplemente ver las cosas tal como son, sin exagerarlas ni minimizarlas, sin entregarse a fantasías descabelladas, ni, por el mismo motivo, dejarse arrastrar por desesperaciones sin causa aparente.
p.354-5 (23-2-1935)
Dices que este camino es demasiado difícil para ti o para gente como tú, y que solo los «Avatares» como yo o la Madre podemos realizarlo. Eso es un curioso malentendido; porque, por el contrario, es el camino más fácil, sencillo y directo, y cualquiera puede seguirlo si aquieta su mente y su vital; incluso aquellos que tienen una décima parte de tu capacidad pueden lograrlo. Es el otro camino, el de la tensión, el esfuerzo y el arduo trabajo, el que es difícil y requiere una gran fuerza de Tapasya. En cuanto a la Madre y a mí, hemos tenido que probar todos los caminos, seguir todos los métodos, superar montañas de dificultades, soportar una carga mucho más pesada que la tuya o la de cualquier otra persona dentro o fuera del Ashram; afrontar condiciones mucho más difíciles, librar batallas, soportar heridas, abrir caminos a través de pantanos impenetrables, desiertos y bosques, vencer masas hostiles – una labor que, estoy seguro, nadie antes que nosotros ha tenido que realizar -. Es por ello por lo que El Guía del Camino, en un trabajo como el nuestro, no solo debe hacer descender, representar y encarnar al Divino, sino también representar el elemento ascendente de la humanidad y asumir plenamente la carga de la humanidad, experimentando – no como un mero juego o Lila, sino con la más absoluta seriedad y crudeza – todos los obstáculos, dificultades, oposiciones y esa ardua labor frustrada, obstaculizada y solo lentamente victoriosa que puede presentarse en el Sendero. Pero no es necesario ni tolerable que todo esto se repita una y otra vez en la experiencia de otros. Precisamente porque poseemos la experiencia completa, podemos mostrar un camino más directo y fácil a los demás, solo con que consientan en seguirlo.
Es gracias a nuestra experiencia, ganada a un precio inmenso, que podemos exhortaros a vosotros y a los demás: «Adoptad la actitud psíquica; seguid el sendero recto e iluminado, con el Divino sosteniéndoos abierta o secretamente — si es secretamente, él se manifestará a su debido tiempo —; no insistáis en el camino arduo, lleno de obstáculos, tortuoso y difícil».
pág. 463 (5-5-1932)
La consciencia de la Madre es la Consciencia divina, y la Luz que emana de ella es la luz de la Verdad divina; la Fuerza que trae consigo es la fuerza de la Verdad divina. Quien reciba, acepte y viva en la luz de la Madre, comenzará a ver la verdad en todos los planos: el mental, el vital y el físico. Rechazará todo lo que no es divino; lo no divino es la falsedad, la ignorancia, el error de las fuerzas oscuras; lo no divino es todo lo que es oscuro y se resiste a aceptar la Verdad divina, su luz y su fuerza. Por lo tanto, lo no divino es todo lo que se resiste a aceptar la luz y la fuerza de la Madre. Por eso siempre os digo que os mantengáis en contacto con la Madre, con su luz y su Fuerza, porque solo así podréis salir de esta confusión y oscuridad y recibir la Verdad que viene de lo alto.
Cuando hablamos de la Luz de la Madre o de mi Luz en un sentido especial, nos referimos a una acción oculta particular: hablamos de ciertas luces que provienen de la Supermente. En esta acción, la Luz de la Madre es la Luz Blanca que purifica, ilumina, hace descender toda la esencia y el poder de la Verdad y posibilita la transformación. De hecho, toda luz que viene de lo alto, de la suprema Verdad divina, es la Luz de la Madre.
No hay diferencia entre el camino de la Madre y el mío; tenemos, y siempre hemos tenido, el mismo camino, el camino que conduce al cambio supramental y a la realización divina; no solo al final, sino desde el principio, han sido siempre el mismo.
El intento de crear una división y oposición, poniendo a la Madre en un lado y a mí en otro, opuesto o completamente diferente, siempre ha sido una artimaña de las fuerzas de la Falsedad cuando quieren impedir que un Sadhaka alcance la Verdad. Desechad tales falsedades de vuestra mente.
Sabed que la luz y la fuerza de la Madre son la luz y la fuerza de la Verdad. Permaneced siempre en contacto con la luz y la fuerza de la Madre; solo así podréis crecer hacia la Verdad divina.
p. 455 (10-9-1931)
Sri Aurobindo ha venido a decirnos: «No es necesario dejar la tierra para encontrar la Verdad, no es necesario abandonar la vida para encontrar el alma, no hay que abandonar el mundo o poseer sólo unas creencias limitadas para tener una relación con el Divino. El Divino está en todas partes, en todas las cosas y, si está oculto, es porque no nos tomamos la molestia de descubrirlo».
Citas del volumen 26 «Sobre sí mismo» de la Edición del Centenario de las Obras Completas SABCL
Veo que insistes en escribir una biografía; ¿es realmente necesaria? ¿acaso es útil? El intento está condenado al fracaso, pues ni tú ni nadie saben nada de mi vida; nunca ha estado expuesta al público.
p. 378
No tenía inclinación natural hacia la espiritualidad; la cultivé. Era incapaz de comprender la metafísica; me convertí en filósofo. No tenía talento para la pintura; lo desarrollé mediante el yoga. Transformé mi naturaleza, de lo que era a lo que no era. Lo hice de una manera especial, no mediante un milagro, y lo hice para demostrar lo que se podía hacer y cómo se podía hacer. No lo hice por ninguna necesidad personal ni por un milagro sin proceso alguno.
Afirmo que, de no ser así, mi yoga ha sido inútil y mi vida un error: una mera y absurda rareza de la naturaleza, sin sentido ni consecuencia. Parece que todos consideráis un gran halago para mí decir que lo que he realizado no tiene sentido para nadie excepto para mí mismo; es la crítica más demoledora que puede hacerse a mi obra. Tampoco lo hice por mí mismo, si “por mí mismo” os referís al Aurobindo que fui. Él lo hizo con la ayuda de Krishna y la Shakti Divina. También recibí ayuda de fuentes humanas.
págs. 148-149 (13-02-1935)
P: ¿Cómo llegó a ser tan poderoso su intelecto incluso antes de comenzar con el Yoga?
R: No era así antes de empezar con el Yoga. Comencé con el Yoga en 1904 y todo mi trabajo, con la excepción de algunos poemas, fue realizado más tarde. Además, mi inteligencia era innata y, en la medida en que se desarrolló antes del Yoga, no fue fruto de una formación, sino por una amplia y azarosa actividad, desarrollando ideas a partir de todo lo que leía, veía o experimentaba. Eso no es entrenamiento, es crecimiento natural.
pág. 222 (13-11-1936)
Pero, una vez más, ¡qué ideas tan extrañas! ¡Que nací con un temperamento supramental y que desconozco las duras realidades de la vida! ¡Dios mío! Toda mi vida ha sido una lucha contra esas duras realidades, desde las penurias, el hambre en Inglaterra y las constantes y feroces dificultades de entonces hasta las pruebas más arduas que surgen continuamente aquí en Pondicherry, tanto externas como internas. Mi vida ha sido una batalla desde sus primeros años y lo sigue siendo: el hecho de que ahora la libre desde una habitación en el piso de arriba y por medios espirituales, además de por otros medios externos, no altera en nada su naturaleza. Pero, claro, como no hemos estado pregonando estas cosas a los cuatro vientos, supongo que es natural que otros piensen que vivo en un augusto y deslumbrante mundo de ensueño, donde las duras realidades de la vida o de la Naturaleza no existen. ¡Qué lejos de la realidad, al fin y al cabo!
p.153-4
¿Crees entonces que en mí (no incluyo a la Madre) nunca hubo alguna duda ni desesperación, ni ataques de ese tipo? He soportado todos los ataques que los seres humanos han soportado; de lo contrario, no podría asegurar a nadie: «Esto también puede ser conquistado». Al menos, no tendría derecho a decirlo. Tu psicología es terriblemente rígida. Repito: cuando el Divino asume la carga de la naturaleza terrenal, la asume plena, sinceramente, sin trucos de magia ni pretensiones. Si hay algo detrás de él que siempre emerge de las apariencias es, en esencia, siempre lo mismo – aunque en mayor grado – que aquello que existe detrás de los demás; y es para despertar eso que está aquí.
El ser psíquico hace lo mismo para todos aquellos destinados al camino espiritual; no es necesario ser un ser extraordinario para seguirlo. Ese es el error que estás cometiendo: insistir en la grandeza como si solo los grandes pudieran ser espirituales.
pág. 154 (8-3-1935)
P: Nos preguntábamos por qué escribir y reescribir tu poesía — por ejemplo, «Savitri» diez o doce veces — cuando tenías toda la inspiración a tu disposición y no tenías que recibirla con la dificultad que enfrentan los yoguis principiantes como nosotros.
R: Es muy sencillo. Utilicé «Savitri» como un medio de ascensión. Comencé a escribirlo desde un cierto nivel mental; cada vez que alcanzaba un nivel superior, lo reescribía desde ese nivel. Además, era muy meticuloso: si alguna parte me parecía provenir de niveles inferiores, no me conformaba con dejarla tal como estaba solo porque fuese buena poesía. Todo debía ser, en la medida de lo posible, de la misma esencia. De hecho, no he considerado «Savitri» como un poema para escribir y terminar, sino como un campo de experimentación para ver hasta dónde podía llegar la poesía desde la propia consciencia yóguica y cómo podía transformarse en creatividad. No reescribí «Rosa de Dios» ni los sonetos, salvo dos o tres modificaciones verbales realizadas en ese mismo instante.
p. 239
P: La Sobremente parece tan distante de nosotros, y tu austeridad y tu grandeza himalaya me dejan sin aliento, ¡haciéndome palpitar el corazón!
R: ¡Qué tonterías! ¡Soy austero y grandioso, sombrío y severo! ¡Todo lo que jamás fui! Gimo con una desesperación nada aurobindiana cuando oigo semejantes afirmaciones. ¿Qué ha sucedido con el sentido común de todos vosotros? Para alcanzar la Sobremente no es en absoluto necesario renunciar a esta cualidad tan sencilla como útil: Por cierto, el sentido común no es la lógica (que es lo menos parecido al sentido común que existe en el mundo), sino es simplemente ver las cosas tal como son, sin exagerarlas ni minimizarlas, sin entregarse a fantasías descabelladas, ni, por el mismo motivo, dejarse arrastrar por desesperaciones sin causa aparente.
p.354-5 (23-2-1935)
Dices que este camino es demasiado difícil para ti o para gente como tú, y que solo los «Avatares» como yo o la Madre podemos realizarlo. Eso es un curioso malentendido; porque, por el contrario, es el camino más fácil, sencillo y directo, y cualquiera puede seguirlo si aquieta su mente y su vital; incluso aquellos que tienen una décima parte de tu capacidad pueden lograrlo. Es el otro camino, el de la tensión, el esfuerzo y el arduo trabajo, el que es difícil y requiere una gran fuerza de Tapasya. En cuanto a la Madre y a mí, hemos tenido que probar todos los caminos, seguir todos los métodos, superar montañas de dificultades, soportar una carga mucho más pesada que la tuya o la de cualquier otra persona dentro o fuera del Ashram; afrontar condiciones mucho más difíciles, librar batallas, soportar heridas, abrir caminos a través de pantanos impenetrables, desiertos y bosques, vencer masas hostiles – una labor que, estoy seguro, nadie antes que nosotros ha tenido que realizar -. Es por ello por lo que El Guía del Camino, en un trabajo como el nuestro, no solo debe hacer descender, representar y encarnar al Divino, sino también representar el elemento ascendente de la humanidad y asumir plenamente la carga de la humanidad, experimentando – no como un mero juego o Lila, sino con la más absoluta seriedad y crudeza – todos los obstáculos, dificultades, oposiciones y esa ardua labor frustrada, obstaculizada y solo lentamente victoriosa que puede presentarse en el Sendero. Pero no es necesario ni tolerable que todo esto se repita una y otra vez en la experiencia de otros. Precisamente porque poseemos la experiencia completa, podemos mostrar un camino más directo y fácil a los demás, solo con que consientan en seguirlo.
Es gracias a nuestra experiencia, ganada a un precio inmenso, que podemos exhortaros a vosotros y a los demás: «Adoptad la actitud psíquica; seguid el sendero recto e iluminado, con el Divino sosteniéndoos abierta o secretamente — si es secretamente, él se manifestará a su debido tiempo —; no insistáis en el camino arduo, lleno de obstáculos, tortuoso y difícil».
pág. 463 (5-5-1932)
La consciencia de la Madre es la Consciencia divina, y la Luz que emana de ella es la luz de la Verdad divina; la Fuerza que trae consigo es la fuerza de la Verdad divina. Quien reciba, acepte y viva en la luz de la Madre, comenzará a ver la verdad en todos los planos: el mental, el vital y el físico. Rechazará todo lo que no es divino; lo no divino es la falsedad, la ignorancia, el error de las fuerzas oscuras; lo no divino es todo lo que es oscuro y se resiste a aceptar la Verdad divina, su luz y su fuerza. Por lo tanto, lo no divino es todo lo que se resiste a aceptar la luz y la fuerza de la Madre. Por eso siempre os digo que os mantengáis en contacto con la Madre, con su luz y su Fuerza, porque solo así podréis salir de esta confusión y oscuridad y recibir la Verdad que viene de lo alto.
Cuando hablamos de la Luz de la Madre o de mi Luz en un sentido especial, nos referimos a una acción oculta particular: hablamos de ciertas luces que provienen de la Supermente. En esta acción, la Luz de la Madre es la Luz Blanca que purifica, ilumina, hace descender toda la esencia y el poder de la Verdad y posibilita la transformación. De hecho, toda luz que viene de lo alto, de la suprema Verdad divina, es la Luz de la Madre.
No hay diferencia entre el camino de la Madre y el mío; tenemos, y siempre hemos tenido, el mismo camino, el camino que conduce al cambio supramental y a la realización divina; no solo al final, sino desde el principio, han sido siempre el mismo.
El intento de crear una división y oposición, poniendo a la Madre en un lado y a mí en otro, opuesto o completamente diferente, siempre ha sido una artimaña de las fuerzas de la Falsedad cuando quieren impedir que un Sadhaka alcance la Verdad. Desechad tales falsedades de vuestra mente.
Sabed que la luz y la fuerza de la Madre son la luz y la fuerza de la Verdad. Permaneced siempre en contacto con la luz y la fuerza de la Madre; solo así podréis crecer hacia la Verdad divina.
p. 455 (10-9-1931)