¿Cuándo y cómo tomé consciencia de la misión que debía cumplir en la Tierra? ¿Y cuándo y cómo conocí a Sri Aurobindo?
Me has hecho estas dos preguntas y te prometí una breve respuesta.
En cuanto al conocimiento de la misión, es difícil precisar cuándo me llegó. Es como si hubiera nacido con ella, y, a medida que mi mente y mi cerebro crecían, también crecían la precisión y la plenitud de esta conciencia.
Entre los 11 y los 13 años, una serie de experiencias psíquicas y espirituales me revelaron no solo la existencia de Dios, sino también la posibilidad que tiene el ser humano de unirse a Él, de realizarlo integralmente en consciencia y acción, de manifestarlo en la Tierra en una vida divina. Esto, junto con una disciplina práctica para su realización, me fue transmitido durante el sueño por diversos maestros, algunos de los cuales conocí posteriormente en el plano físico.
Más adelante, a medida que avanzaba mi desarrollo interior y exterior, la relación espiritual y psíquica con uno de estos seres se hizo cada vez más clara y frecuente. Y, aunque por aquel entonces conocía poco de las filosofías y religiones indias, me sentí impulsada a llamarlo Krishna, y desde entonces fui consciente de que era con él (a quien sabía que algún día conocería en la Tierra) con quien debía realizarse la obra divina.
En 1910, mi esposo viajó solo a Pondicherry, donde, en circunstancias muy interesantes y peculiares, conoció a Sri Aurobindo. Desde entonces, ambos deseábamos fervientemente regresar a la India – el país que siempre había considerado mi verdadera patria -. Y en 1914, nos fue concedida esa dicha.
En cuanto vi a Sri Aurobindo, reconocí en él al ser al que solía llamar Krishna… Y esto es suficiente para explicar por qué estoy plenamente convencida de que mi lugar y mi trabajo están cerca de él, en la India.
Volumen 13, Palabras de la Madre, pág. 38, Pondicherry, 1920
Declaración de la Madre
No pertenezco a ninguna nación, civilización, sociedad ni raza, sino al Divino.
No obedezco a ningún amo, gobernante, ley ni convención social, sino al Divino.
A Él le he entregado todo: mi voluntad, mi vida y mi ser; por Él estoy dispuesta a dar toda mi sangre, gota a gota, si esa es Su Voluntad, con gozo absoluto; y nada en Su servicio puede considerarse un sacrificio, pues todo es dicha perfecta.
Volumen 2, Palabras de Antaño, pág. 166, febrero de 1920, Japón
…Lo más importante para una persona es unificarse en torno a su centro divino; de esa manera se convierte en un verdadero individuo, dueño de sí mismo y de su destino. De lo contrario, es un títere de fuerzas zarandeado como un trozo de corcho en un río… Es una situación bastante desagradable sentirse manipulado y obligado a hacer cosas, quieras o no — eso es irrelevante —, pero verse forzado a actuar porque algo te arrastra, algo que ni siquiera ves; eso sí que es exasperante. Sin embargo, no sé la razón, pero a mí me resultaba insoportable incluso de niña. A los cinco años, empezó a parecerme intolerable y busqué una manera de que fuera diferente, sin dar a la gente ocasión de reprenderme. Porque no conocía a nadie que pudiera ayudarme y no tenía la oportunidad que tienes tú, alguien que pueda decirte: «¡Esto es lo que debes hacer!». No había nadie que me lo dijera. Tuve que descubrirlo por mí misma. Y así lo hice. Empecé a los cinco años.
Volumen 5, Preguntas y Respuestas 1953, pág. 139, 1 de julio de 1953
Por ejemplo, una vez, mientras caminaba por las montañas, iba por un sendero estrecho con espacio solo para una persona: a un lado había un precipicio; al otro lado una pared rocosa vertical. Tres niños me seguían y una cuarta persona cerraba la marcha. Yo iba al frente. El sendero discurría al borde de la roca; no podíamos ver por dónde íbamos y, además, era muy peligroso; si alguien hubiera resbalado, habría caído al vacío. Yo iba caminando delante cuando, de repente, vi con ojos distintos a estos – aunque seguía mis pasos con suma atención -, pude ver una serpiente allí, sobre la roca, esperando al otro lado. Entonces di un paso, con cuidado, y efectivamente, al otro lado había una serpiente. Eso me evitó el sobresalto de la sorpresa, porque ya lo había visto y avanzaba con cautela. Y al no haber sufrido ese sobresalto pude decir a los niños sin asustarlos: «Deteneos, quedaos quietos no os mováis».
Volumen 10, Sobre Pensamientos y Aforismos, pág. 131
Al comienzo de mi actual vida terrenal, conocí a muchas personas que decían tener una gran aspiración interior, un anhelo por algo más profundo y verdadero, pero que estaban atadas, sometidas, esclavizadas por esa brutal necesidad de ganarse la vida, y que esto las agobiaba tanto, les consumía tanto tiempo y energía, que no podían dedicarse a ninguna otra actividad, ni interior ni exterior. Lo oí muy a menudo; vi a mucha gente pobre — no me refiero a la pobreza material, sino a la pobreza que sentían, aprisionadas por una necesidad material, estrecha y asfixiante —.
Yo era muy joven entonces, y siempre me decía a mí misma que, si alguna vez podía hacerlo, intentaría crear un pequeño mundo, ¡oh!, uno bastante pequeño, pero aun así…, un pequeño mundo donde la gente pudiera vivir sin preocuparse por la comida, el alojamiento, la ropa y las necesidades básicas de la vida, con el fin de ver si todas las energías liberadas gracias a la certeza de una vida material asegurada se dirigirían espontáneamente hacia la vida divina y la realización interior.
Volumen 8, Preguntas y Respuestas 1956, pág. 161, 30 de mayo de 1956
¿Es útil anotar los sueños?
Sí, durante más de un año me dediqué a este tipo de autodisciplina. Anotaba todo: unas pocas palabras, un detalle, una impresión… e intentaba pasar de un recuerdo a otro. Al principio no fue muy fructífero, pero al cabo de unos catorce meses pude seguir, comenzando por el final, todos los movimientos, todos los sueños hasta remontarme al comienzo de la noche.
Volumen 4, Preguntas y Respuestas 1950-51, pág. 62, 27 de enero de 1951
¿Hay alguien aquí que se haya desmayado de repente, como por accidente? Uno ve su cuerpo, ¿verdad? Y se pregunta: «¿Pero ¿qué está haciendo ahí en esa posición ridícula?». ¡Y vuelve corriendo a él! Eso me sucedió una vez en París. Había cenado muy bien y luego fui a una sala de conferencias, creo. Había mucha gente, hacía mucho calor, estaba allí de pie con la cena en el estómago, y de repente me sentí mal. Le dije a la persona que estaba conmigo: «Tengo que salir inmediatamente». Una vez afuera (era en la Plaza del Trocadero) me desmayé por completo. Vi mi cuerpo allí, extendido, y me pareció tan ridículo que me precipité sobre él y lo regañé con ganas, diciéndole: «¡No debes gastarme esas bromas!».
Volumen 4, Preguntas y Respuestas 1950-51, pág. 125, 19 de febrero de 1951
Recuerdo que una vez, cuatro de nosotros hicimos una excursión a pie por las montañas de Francia. Habíamos partido de un pueblo y teníamos que llegar a otro. Fue un viaje de unos ocho o diez días a través de la montaña. Naturalmente, cada uno llevaba una mochila colgada a la espalda, ya que se necesitan algunas cosas. Pero antes de partir, tuvimos una pequeña charla para averiguar qué cosas necesitábamos realmente, qué era absolutamente indispensable. Y siempre llegábamos a lo mismo: «Veamos, ¿podemos resolver eso de esta manera?», y todo se reducía a tan poco…
Volumen 4, Preguntas y Respuestas 1950-51, pág. 385, 5 de mayo de 1951
La Madre está a punto de empezar a leer las primeras páginas de “Algunas Palabras, Algunas Plegarias”
Los primeros textos se escribieron en 1912. Muchos de vosotros aún no habíais nacido. Éramos un pequeño grupo de unas doce personas que nos reuníamos una vez por semana. Se proponía un tema; había que preparar una respuesta para la semana siguiente. Cada uno traía su pequeño trabajo. Generalmente, yo también preparaba un breve texto y, al final, lo leía en voz alta.
Volumen 5, Preguntas y Respuestas 1953, pág. 352, 11 de noviembre de 1953
Puedo deciros una cosa: cuando comencé con Sri Aurobindo a descender para el yoga, a descender de la mente al vital, cuando llevamos nuestro yoga de la mente al vital, en un mes — yo tenía cuarenta años entonces, no parecía mayor, parecía tener menos de cuarenta, pero aun así tenía cuarenta — y después de un mes de hacer yoga parecía tener exactamente dieciocho años. Y alguien que me había visto anteriormente, que había vivido conmigo en Japón y vino aquí, le costó reconocerme. Me preguntó: «¿Pero de verdad eres tú?». Le respondí: «¡Por supuesto!».
Volumen 6, Preguntas y Respuestas 1954, pág. 303, 25 de agosto de 1954
Los domingos, al tocar música, ¿está decidido de antemano de qué región provendrá la música?
Antes de sentarme, ni siquiera sé qué notas voy a tocar. ¿La región? Siempre es la misma. Por eso puedo hablar con cierta experiencia sobre el origen de la música de Berlioz, porque es una región que conozco muy bien, una que frecuento con asiduidad. Pero no sé qué surgirá. Nada en absoluto, nada. Ni siquiera decido qué sentimiento, idea o estado de conciencia se va a expresar, nada. Soy como una página en blanco. Llego, me siento, me concentro un minuto y dejo que fluya.
Volumen 6, Preguntas y Respuestas 1954, pág. 384, 20 de octubre de 1954
En las meditaciones que solíamos tener allí [en el Ashram], cuando teníamos una meditación matutina o vespertina, mi labor consistía en unificar la conciencia de todos y elevarla lo más alto posible hacia el Divino. Quienes podían sentir el movimiento lo seguían. Esta era una meditación ordinaria con aspiración y elevación hacia el Divino. Aquí, en el Playground (Campo de deportes), la labor consiste en unificar a todos los presentes, hacer que se abran y hacer descender la fuerza divina sobre ellos.
Volumen 4, Preguntas y Respuestas 1950-51, pág. 106, 12 de febrero de 1951
[En este período, la Madre solía dar Darshan todas las mañanas desde su balcón. Esto se conocía como «Darshan del Balcón». Por la tarde, estaba presente en el Playground para recibir el saludo durante el Desfile (March Past) y dirigir la Concentración al final del «Desfile».]
Dulce Madre, todos los días asistimos al Darshan del Balcón, y aquí en el Playground venimos para el Desfile y la Concentración. ¿Cuál debería ser nuestra actitud ante cada una de estas actividades?
Lo más indispensable en todos los casos es la receptividad.
En el Balcón, por ejemplo. Cuando salgo al Balcón, hago una concentración especial; ¿notas que miro a todos, no? Observo, veo, recorro con la mirada a cada uno de vosotros, conozco a todos los que están allí y dónde están, y les doy a cada uno exactamente lo que necesitan; veo en qué estado se encuentran y les doy lo que necesitan. Todo puede ser muy rápido, porque de lo contrario os mantendría allí durante media hora, pero lo hago, eso es lo que hago. Esa es la única razón por la que salgo, porque de otro modo os llevo siempre presentes en mi consciencia. Os llevo siempre en mi consciencia, sin veros hago lo que es necesario. Pero aquí es un momento en el que puedo hacerlo tocando lo físico directamente, ¿lo entendéis?; de lo contrario actúa a través de la mente, la mente o lo vital. Pero aquí toco lo físico directamente a través de la vista, el contacto visual; y eso es lo que hago cada vez.
Volumen 7, Preguntas y Respuestas 1955, pág. 257, 27 de julio de 1955
UNA DECLARACIÓN
Quiero conmemorar este día expresando un deseo largamente anhelado: el de convertirme en ciudadana india. Desde mi primera visita a la India — en 1914 — sentí que la India era mi verdadera patria, la patria de mi alma y de mi espíritu. Había decidido cumplir este deseo tan pronto como la India fuera libre. Pero tuve que esperar aún más debido a mis grandes responsabilidades en el Ashram de Pondicherry. Ahora ha llegado el momento de declararme como tal.
Sin embargo, de acuerdo con el ideal de Sri Aurobindo, mi propósito es demostrar que la verdad reside en la unión, no en la división. Rechazar una nacionalidad para obtener otra no es la solución ideal. Por eso espero que se me permita adoptar una doble nacionalidad, es decir, seguir siendo francesa mientras me convierto en india.
Soy francesa de nacimiento y por mi educación temprana; soy india por elección y predilección. En mi consciencia no existe antagonismo alguno entre ambas; al contrario, se complementan a la perfección y se enriquecen mutuamente. Sé también que puedo servir a ambas por igual, pues mi único objetivo en la vida es dar forma concreta a la gran enseñanza de Sri Aurobindo, y en su enseñanza revela que todas las naciones son esencialmente una y están destinadas a expresar la Unidad Divina en la Tierra a través de una diversidad organizada y armoniosa.
Volumen 13, Palabras de la Madre, pág. 43, 15 de agosto de 1954
Cuando hablo, vivo lo que digo y comunico la experiencia junto con las palabras; ninguna máquina puede registrar eso. Por eso el texto parece completamente diferente cuando se escucha o cuando se lee: lo esencial se ha perdido, pues trasciende cualquier matiz. Incluso cuando lo que he escrito se imprime en un libro o un artículo, la intensidad de la experiencia que tuve al escribirlo se desvanece, y el texto carece de fuerza, aunque las palabras sean idénticas.
Volumen 13, Palabras de la Madre, pág. 53
Mi manera de ver las cosas es algo diferente. Para mi consciencia, toda la vida en la Tierra, incluyendo la vida humana y toda su mentalidad, es una masa de vibraciones, principalmente vibraciones de falsedad, ignorancia y desorden, en las que actúan cada vez más vibraciones de Verdad y Armonía provenientes de las regiones superiores, abriéndose paso a través de la resistencia. En esta visión, el sentido del ego, la afirmación individual y la separación se vuelven completamente irreales e ilusorias.
Volumen 13, Palabras de la Madre, p. 95
Ya veis cómo es, ahora estoy cerca de los cien años, solo faltan cinco. Comencé a esforzarme por alcanzar la consciencia a los cinco años, hijo mío. Esto es para que lo sepas… Y continuo, y ello continua. Solo que…, por supuesto, he llegado al punto en que trabajo para las células del cuerpo, pero, aun así, el trabajo comenzó hace mucho tiempo.
Esto no es para desanimarte, sino… ¡para que sepas que las cosas no suceden, así como así!
Volumen 12, Sobre la educación, pág. 433
Ahora recordad una cosa. Sri Aurobindo y yo somos una misma consciencia, una misma persona. Solo que, cuando esta fuerza o esta presencia, que es la misma, pasa a través de tu consciencia individual, toma una forma, una apariencia que difiere según tu temperamento, tu aspiración, tu necesidad, la tendencia propia de tu ser. Tu consciencia individual es como un filtro, un indicador, si se me permite decirlo; hace una elección y fija una posibilidad entre la infinidad de posibilidades divinas.
Volumen 13, Palabras de la Madre, pág. 77, 1957
¿Cuándo y cómo tomé consciencia de la misión que debía cumplir en la Tierra? ¿Y cuándo y cómo conocí a Sri Aurobindo?
Me has hecho estas dos preguntas y te prometí una breve respuesta.
En cuanto al conocimiento de la misión, es difícil precisar cuándo me llegó. Es como si hubiera nacido con ella, y, a medida que mi mente y mi cerebro crecían, también crecían la precisión y la plenitud de esta conciencia.
Entre los 11 y los 13 años, una serie de experiencias psíquicas y espirituales me revelaron no solo la existencia de Dios, sino también la posibilidad que tiene el ser humano de unirse a Él, de realizarlo integralmente en consciencia y acción, de manifestarlo en la Tierra en una vida divina. Esto, junto con una disciplina práctica para su realización, me fue transmitido durante el sueño por diversos maestros, algunos de los cuales conocí posteriormente en el plano físico.
Más adelante, a medida que avanzaba mi desarrollo interior y exterior, la relación espiritual y psíquica con uno de estos seres se hizo cada vez más clara y frecuente. Y, aunque por aquel entonces conocía poco de las filosofías y religiones indias, me sentí impulsada a llamarlo Krishna, y desde entonces fui consciente de que era con él (a quien sabía que algún día conocería en la Tierra) con quien debía realizarse la obra divina.
En 1910, mi esposo viajó solo a Pondicherry, donde, en circunstancias muy interesantes y peculiares, conoció a Sri Aurobindo. Desde entonces, ambos deseábamos fervientemente regresar a la India – el país que siempre había considerado mi verdadera patria -. Y en 1914, nos fue concedida esa dicha.
En cuanto vi a Sri Aurobindo, reconocí en él al ser al que solía llamar Krishna… Y esto es suficiente para explicar por qué estoy plenamente convencida de que mi lugar y mi trabajo están cerca de él, en la India.
Volumen 13, Palabras de la Madre, pág. 38, Pondicherry, 1920
Declaración de la Madre
No pertenezco a ninguna nación, civilización, sociedad ni raza, sino al Divino.
No obedezco a ningún amo, gobernante, ley ni convención social, sino al Divino.
A Él le he entregado todo: mi voluntad, mi vida y mi ser; por Él estoy dispuesta a dar toda mi sangre, gota a gota, si esa es Su Voluntad, con gozo absoluto; y nada en Su servicio puede considerarse un sacrificio, pues todo es dicha perfecta.
Volumen 2, Palabras de Antaño, pág. 166, febrero de 1920, Japón
…Lo más importante para una persona es unificarse en torno a su centro divino; de esa manera se convierte en un verdadero individuo, dueño de sí mismo y de su destino. De lo contrario, es un títere de fuerzas zarandeado como un trozo de corcho en un río… Es una situación bastante desagradable sentirse manipulado y obligado a hacer cosas, quieras o no — eso es irrelevante —, pero verse forzado a actuar porque algo te arrastra, algo que ni siquiera ves; eso sí que es exasperante. Sin embargo, no sé la razón, pero a mí me resultaba insoportable incluso de niña. A los cinco años, empezó a parecerme intolerable y busqué una manera de que fuera diferente, sin dar a la gente ocasión de reprenderme. Porque no conocía a nadie que pudiera ayudarme y no tenía la oportunidad que tienes tú, alguien que pueda decirte: «¡Esto es lo que debes hacer!». No había nadie que me lo dijera. Tuve que descubrirlo por mí misma. Y así lo hice. Empecé a los cinco años.
Volumen 5, Preguntas y Respuestas 1953, pág. 139, 1 de julio de 1953
Por ejemplo, una vez, mientras caminaba por las montañas, iba por un sendero estrecho con espacio solo para una persona: a un lado había un precipicio; al otro lado una pared rocosa vertical. Tres niños me seguían y una cuarta persona cerraba la marcha. Yo iba al frente. El sendero discurría al borde de la roca; no podíamos ver por dónde íbamos y, además, era muy peligroso; si alguien hubiera resbalado, habría caído al vacío. Yo iba caminando delante cuando, de repente, vi con ojos distintos a estos – aunque seguía mis pasos con suma atención -, pude ver una serpiente allí, sobre la roca, esperando al otro lado. Entonces di un paso, con cuidado, y efectivamente, al otro lado había una serpiente. Eso me evitó el sobresalto de la sorpresa, porque ya lo había visto y avanzaba con cautela. Y al no haber sufrido ese sobresalto pude decir a los niños sin asustarlos: «Deteneos, quedaos quietos no os mováis».
Volumen 10, Sobre Pensamientos y Aforismos, pág. 131
Al comienzo de mi actual vida terrenal, conocí a muchas personas que decían tener una gran aspiración interior, un anhelo por algo más profundo y verdadero, pero que estaban atadas, sometidas, esclavizadas por esa brutal necesidad de ganarse la vida, y que esto las agobiaba tanto, les consumía tanto tiempo y energía, que no podían dedicarse a ninguna otra actividad, ni interior ni exterior. Lo oí muy a menudo; vi a mucha gente pobre — no me refiero a la pobreza material, sino a la pobreza que sentían, aprisionadas por una necesidad material, estrecha y asfixiante —.
Yo era muy joven entonces, y siempre me decía a mí misma que, si alguna vez podía hacerlo, intentaría crear un pequeño mundo, ¡oh!, uno bastante pequeño, pero aun así…, un pequeño mundo donde la gente pudiera vivir sin preocuparse por la comida, el alojamiento, la ropa y las necesidades básicas de la vida, con el fin de ver si todas las energías liberadas gracias a la certeza de una vida material asegurada se dirigirían espontáneamente hacia la vida divina y la realización interior.
Volumen 8, Preguntas y Respuestas 1956, pág. 161, 30 de mayo de 1956
¿Es útil anotar los sueños?
Sí, durante más de un año me dediqué a este tipo de autodisciplina. Anotaba todo: unas pocas palabras, un detalle, una impresión… e intentaba pasar de un recuerdo a otro. Al principio no fue muy fructífero, pero al cabo de unos catorce meses pude seguir, comenzando por el final, todos los movimientos, todos los sueños hasta remontarme al comienzo de la noche.
Volumen 4, Preguntas y Respuestas 1950-51, pág. 62, 27 de enero de 1951
¿Hay alguien aquí que se haya desmayado de repente, como por accidente? Uno ve su cuerpo, ¿verdad? Y se pregunta: «¿Pero ¿qué está haciendo ahí en esa posición ridícula?». ¡Y vuelve corriendo a él! Eso me sucedió una vez en París. Había cenado muy bien y luego fui a una sala de conferencias, creo. Había mucha gente, hacía mucho calor, estaba allí de pie con la cena en el estómago, y de repente me sentí mal. Le dije a la persona que estaba conmigo: «Tengo que salir inmediatamente». Una vez afuera (era en la Plaza del Trocadero) me desmayé por completo. Vi mi cuerpo allí, extendido, y me pareció tan ridículo que me precipité sobre él y lo regañé con ganas, diciéndole: «¡No debes gastarme esas bromas!».
Volumen 4, Preguntas y Respuestas 1950-51, pág. 125, 19 de febrero de 1951
Recuerdo que una vez, cuatro de nosotros hicimos una excursión a pie por las montañas de Francia. Habíamos partido de un pueblo y teníamos que llegar a otro. Fue un viaje de unos ocho o diez días a través de la montaña. Naturalmente, cada uno llevaba una mochila colgada a la espalda, ya que se necesitan algunas cosas. Pero antes de partir, tuvimos una pequeña charla para averiguar qué cosas necesitábamos realmente, qué era absolutamente indispensable. Y siempre llegábamos a lo mismo: «Veamos, ¿podemos resolver eso de esta manera?», y todo se reducía a tan poco…
Volumen 4, Preguntas y Respuestas 1950-51, pág. 385, 5 de mayo de 1951
La Madre está a punto de empezar a leer las primeras páginas de “Algunas Palabras, Algunas Plegarias”
Los primeros textos se escribieron en 1912. Muchos de vosotros aún no habíais nacido. Éramos un pequeño grupo de unas doce personas que nos reuníamos una vez por semana. Se proponía un tema; había que preparar una respuesta para la semana siguiente. Cada uno traía su pequeño trabajo. Generalmente, yo también preparaba un breve texto y, al final, lo leía en voz alta.
Volumen 5, Preguntas y Respuestas 1953, pág. 352, 11 de noviembre de 1953
Puedo deciros una cosa: cuando comencé con Sri Aurobindo a descender para el yoga, a descender de la mente al vital, cuando llevamos nuestro yoga de la mente al vital, en un mes — yo tenía cuarenta años entonces, no parecía mayor, parecía tener menos de cuarenta, pero aun así tenía cuarenta — y después de un mes de hacer yoga parecía tener exactamente dieciocho años. Y alguien que me había visto anteriormente, que había vivido conmigo en Japón y vino aquí, le costó reconocerme. Me preguntó: «¿Pero de verdad eres tú?». Le respondí: «¡Por supuesto!».
Volumen 6, Preguntas y Respuestas 1954, pág. 303, 25 de agosto de 1954
Los domingos, al tocar música, ¿está decidido de antemano de qué región provendrá la música?
Antes de sentarme, ni siquiera sé qué notas voy a tocar. ¿La región? Siempre es la misma. Por eso puedo hablar con cierta experiencia sobre el origen de la música de Berlioz, porque es una región que conozco muy bien, una que frecuento con asiduidad. Pero no sé qué surgirá. Nada en absoluto, nada. Ni siquiera decido qué sentimiento, idea o estado de conciencia se va a expresar, nada. Soy como una página en blanco. Llego, me siento, me concentro un minuto y dejo que fluya.
Volumen 6, Preguntas y Respuestas 1954, pág. 384, 20 de octubre de 1954
En las meditaciones que solíamos tener allí [en el Ashram], cuando teníamos una meditación matutina o vespertina, mi labor consistía en unificar la conciencia de todos y elevarla lo más alto posible hacia el Divino. Quienes podían sentir el movimiento lo seguían. Esta era una meditación ordinaria con aspiración y elevación hacia el Divino. Aquí, en el Playground (Campo de deportes), la labor consiste en unificar a todos los presentes, hacer que se abran y hacer descender la fuerza divina sobre ellos.
Volumen 4, Preguntas y Respuestas 1950-51, pág. 106, 12 de febrero de 1951
[En este período, la Madre solía dar Darshan todas las mañanas desde su balcón. Esto se conocía como «Darshan del Balcón». Por la tarde, estaba presente en el Playground para recibir el saludo durante el Desfile (March Past) y dirigir la Concentración al final del «Desfile».]
Dulce Madre, todos los días asistimos al Darshan del Balcón, y aquí en el Playground venimos para el Desfile y la Concentración. ¿Cuál debería ser nuestra actitud ante cada una de estas actividades?
Lo más indispensable en todos los casos es la receptividad.
En el Balcón, por ejemplo. Cuando salgo al Balcón, hago una concentración especial; ¿notas que miro a todos, no? Observo, veo, recorro con la mirada a cada uno de vosotros, conozco a todos los que están allí y dónde están, y les doy a cada uno exactamente lo que necesitan; veo en qué estado se encuentran y les doy lo que necesitan. Todo puede ser muy rápido, porque de lo contrario os mantendría allí durante media hora, pero lo hago, eso es lo que hago. Esa es la única razón por la que salgo, porque de otro modo os llevo siempre presentes en mi consciencia. Os llevo siempre en mi consciencia, sin veros hago lo que es necesario. Pero aquí es un momento en el que puedo hacerlo tocando lo físico directamente, ¿lo entendéis?; de lo contrario actúa a través de la mente, la mente o lo vital. Pero aquí toco lo físico directamente a través de la vista, el contacto visual; y eso es lo que hago cada vez.
Volumen 7, Preguntas y Respuestas 1955, pág. 257, 27 de julio de 1955
UNA DECLARACIÓN
Quiero conmemorar este día expresando un deseo largamente anhelado: el de convertirme en ciudadana india. Desde mi primera visita a la India — en 1914 — sentí que la India era mi verdadera patria, la patria de mi alma y de mi espíritu. Había decidido cumplir este deseo tan pronto como la India fuera libre. Pero tuve que esperar aún más debido a mis grandes responsabilidades en el Ashram de Pondicherry. Ahora ha llegado el momento de declararme como tal.
Sin embargo, de acuerdo con el ideal de Sri Aurobindo, mi propósito es demostrar que la verdad reside en la unión, no en la división. Rechazar una nacionalidad para obtener otra no es la solución ideal. Por eso espero que se me permita adoptar una doble nacionalidad, es decir, seguir siendo francesa mientras me convierto en india.
Soy francesa de nacimiento y por mi educación temprana; soy india por elección y predilección. En mi consciencia no existe antagonismo alguno entre ambas; al contrario, se complementan a la perfección y se enriquecen mutuamente. Sé también que puedo servir a ambas por igual, pues mi único objetivo en la vida es dar forma concreta a la gran enseñanza de Sri Aurobindo, y en su enseñanza revela que todas las naciones son esencialmente una y están destinadas a expresar la Unidad Divina en la Tierra a través de una diversidad organizada y armoniosa.
Volumen 13, Palabras de la Madre, pág. 43, 15 de agosto de 1954
Cuando hablo, vivo lo que digo y comunico la experiencia junto con las palabras; ninguna máquina puede registrar eso. Por eso el texto parece completamente diferente cuando se escucha o cuando se lee: lo esencial se ha perdido, pues trasciende cualquier matiz. Incluso cuando lo que he escrito se imprime en un libro o un artículo, la intensidad de la experiencia que tuve al escribirlo se desvanece, y el texto carece de fuerza, aunque las palabras sean idénticas.
Volumen 13, Palabras de la Madre, pág. 53
Mi manera de ver las cosas es algo diferente. Para mi consciencia, toda la vida en la Tierra, incluyendo la vida humana y toda su mentalidad, es una masa de vibraciones, principalmente vibraciones de falsedad, ignorancia y desorden, en las que actúan cada vez más vibraciones de Verdad y Armonía provenientes de las regiones superiores, abriéndose paso a través de la resistencia. En esta visión, el sentido del ego, la afirmación individual y la separación se vuelven completamente irreales e ilusorias.
Volumen 13, Palabras de la Madre, p. 95
Ya veis cómo es, ahora estoy cerca de los cien años, solo faltan cinco. Comencé a esforzarme por alcanzar la consciencia a los cinco años, hijo mío. Esto es para que lo sepas… Y continuo, y ello continua. Solo que…, por supuesto, he llegado al punto en que trabajo para las células del cuerpo, pero, aun así, el trabajo comenzó hace mucho tiempo.
Esto no es para desanimarte, sino… ¡para que sepas que las cosas no suceden, así como así!
Volumen 12, Sobre la educación, pág. 433
Ahora recordad una cosa. Sri Aurobindo y yo somos una misma consciencia, una misma persona. Solo que, cuando esta fuerza o esta presencia, que es la misma, pasa a través de tu consciencia individual, toma una forma, una apariencia que difiere según tu temperamento, tu aspiración, tu necesidad, la tendencia propia de tu ser. Tu consciencia individual es como un filtro, un indicador, si se me permite decirlo; hace una elección y fija una posibilidad entre la infinidad de posibilidades divinas.
Volumen 13, Palabras de la Madre, pág. 77, 1957